Los jefes de Servicio y de Sección del Hospital de Manacor, en consonancia con lo expuesto en la carta publicada por los jefes de Servicio de los otros hospitales del Ibsalut y en virtud de nuestra responsabilidad como médicos y gestores clínicos así como de nuestro compromiso con la sociedad a la que servimos, creemos del todo imprescindible manifestar lo siguiente:
Nunca se nos consulta antes de tomar medidas de ajuste económico, ni se cuenta con nosotros a la hora de establecer criterios de eficiencia. La gestión clínica supone coordinar recursos y motivar personas. Es la que llevan a cabo los profesionales sanitarios en el día a día de la asistencia sanitaria, y es la que asigna el 70% de los recursos sanitarios en sus decisiones diagnósticas y terapéuticas. Por lo tanto, resulta imprescindible contar con ellos a la hora de tomar decisiones trascendentes. Al contrario de lo que sería deseable, siempre
se nos exige, a posteriori, adaptarnos a las instrucciones que se reciben del Ibsalut. No contar con los profesionales que trabajan en contacto directo con los enfermos, supone abocar directamente al fracaso las hipotéticas soluciones al problema.
Con los actuales planes de recortes es innegable que se verá resentida, aunque no quiera reconocerse, la calidad asistencial. El aumento actual de las listas de espera quirúrgicas (actualmente de 10 meses), en consultas externas y en pruebas complementarias (algunas ya superan el año) así lo hace patente.
Es más que previsible no ya la saturación sino más bien el colapso de los Servicios de Urgencias en los próximos meses. En un contexto general de precariedad laboral, el cierre de los Centros de Salud por las tardes, hará que muchos enfermos decidan, para no perder su jornada laboral, utilizar los Servicios de Urgencias como Centro de Salud a demanda, al igual que los inmigrantes irregulares que únicamente podrán acceder al sistema sanitario a través de los Servicios de Urgencias. Si a todo esto unimos el aumento progresivo de las listas de espera, el cierre de plantas de hospitalización, la no sustitución de las vacaciones del personal médico, el mayor número de horas de una jornada laboral probablemente extenuante y el bajar la cobertura horaria en un momento de máxima presión asistencial, se dibuja un panorama en el que los Servicios de Urgencias se van a ver envueltos en una situación más que complicada. Si se llegara a producir esta situación en época estival, es seguro que provocaría una alarma que en nada beneficiaría al sector turístico, motor principal de nuestra economía.
La solución a los problemas de la sanidad no está en recortar los sueldos del personal sanitario. La auténtica raíz o núcleo, es decir, el auténtico problema, radica en la mala financiación del sistema sanitario. Nuestra Comunidad Autónoma está en la cola del sistema de financiación del Servicio Nacional de Salud, basado en la asignación de recursos según la población atendida.
Presupuestar la sanidad pública en Baleares, que tiene una población de derecho que ronda el millón de habitantes, en 1.066 € por habitante y año, cuando se tiene la certeza que costará alrededor de 1.500 €, (según datos del propio Ministerio de Sanidad), genera, de entrada, una deuda en nuestra Comunidad Autónoma de unos 500 millones de Euros anuales. Este presupuesto, además, no tiene en cuenta la población de hecho, que alcanza un considerable número de personas en una comunidad como la nuestra, cuya actividad económica se fundamenta en el turismo, algo que, a todas luces, magnifica el problema.
De seguir así, en los próximos 3 años de legislatura se habrá generado una deuda de 2.000 millones de Euros. Si no se resuelve la causa del problema o se redefine la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud, el problema seguirá existiendo y el recorte de sueldos será permanente hasta llegar a extremos del todo inasumibles, lo que hará imposible gestionar unos recursos humanos desmotivados y malheridos en su dignidad profesional. Creemos que hemos llegado al límite. Los esfuerzos realizados hasta este momento por el personal sanitario son difíciles de comparar con los de cualquier otro colectivo profesional.
Con respecto al incremento de la jornada laboral a las 37,5 horas semanales, manifestar que de hecho muchos profesionales ya las estamos realizando a coste cero.
Mostramos nuestra solidaridad con el personal sanitario de los hospitales que el Ibsalut pretende cerrar. Creemos que hay opciones alternativas a la eliminación de los dos hospitales en donde se centran la mayoría de los escasos recursos sociosanitarios públicos de que dispone esta Comunidad Autónoma. De hecho, para poder compensar este cierre deberá realizarse una importante inversión para renovar el antiguo Hospital Materno-Infantil de Son Dureta.
Por todo lo expuesto, con el fin de mantener una adecuada y eficiente calidad asistencial exigimos se suspendan todas las medidas anunciadas y manifestamos que siempre se podrá contar con nuestra colaboración para mejorar la asistencia sanitaria pero nunca para degradarla.